PARA MARÍA GARCÍA ESPERÓN
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(AGO.* Sólo lo fugaz permanece*. 2015)
PARA MARÍA GARCÍA ESPERÓN. MADRID, 19-5-2015
A María le debe la Antigüedad un mito,
una ensenada próxima a la pala...
A la solombra'l xabugu
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María García Esperón
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A LOS CUARENTA Y DOS AÑOS
A la solombra'l xabugu,
a los cuarenta y dos años,
suaño con poder suañar,
con poder siguir suañando.
Paezme too tan curtiu,
siéntome en too tan estrañu,
persiéntolo too tan lloñe,
suéname too tan cercano...
Non sé dicir qué me falta,
y sé que me falta dalgo.
Nótolo si miro al frente,
si me paro nos xeranios,
si sumo cuántes caleyes
ya nun permiten el pasu.
Nótolo nel corazón
cuando subo los peldaños
que m'aboquen al to nome;
y al encendelu y nomalu,
al dir abri-y les sos lletres
y al dir estender los brazos
tópome cola solombra
de los cuarenta y dos años.
Paezme too tan nada,
tan nada pa doler tanto.
Poemes n'asturiano
Esta luz tan breve
Saltadera, Oviedo. 2008
Voz
María García Esperón
Música: Dare to dream. Yanni
MMX
El cantu'l tordu: El lenguaje del Universo
El cantu'l tordu: el lenguaje del universo
Por María García Esperón
Asómate a les sílabes
más altes de la palabra home,
lo más al norte de la xeografía la carne,
lo más al borde de su abismal esencia.
(Aurelio González Ovies. El cantu'l tordu)
Siendo muy niño, escribió Baudelaire, abrigué en el corazón dos sentimientos contradictorios: el horror por la vida y el éxtasis ante la vida.
Dos certezas igualmente positivas, que contradictorias se alzan en el resplandor de su unidad.
En El cantu'l tordu, del poeta asturiano Aurelio González Ovies, la contradicción de quien, como muy pocos, siente la vida plena y necesaria y al mismo tiempo fugitiva, se hace una con el lenguaje que siempre ha sido, hecho de pulsaciones y cadencias, de elocuentes balbuceos y de xiblíus, de calor, de lluvia, de estaciones, de pupilas de pájaros negros en las que se disuelve la noche.
But I know, too,
that the blackbird is involved
in what I know.
W.S.
La cita de Wallace Stevens que abre las puertas de este libro grávido y tenue acusa la mano que lo ha escrito, la que penetra hasta el último secreto del canto de ese tordu para hacerse una con su lenguaje.
Y este es el lenguaje del todo y de la nada, el que aprenden los príncipes de cuento al comer la lengua de un ruiseñor, el conocimiento que se bebe en un elíxir imposible, en la pecaminosa disfrutada fruta prohibida, ante una blanca pared zen con los ojos ya rotos de sueño, que se entrevé en el enésimo giro del sufí, en un jeroglífico de Akhenaton o en el romance umbro de la muerte hermana de Francisco.
Al too y a la nada,
gracies.
Al aire, por nun ser plomu
entovía
gracies.
En el xiblíu que atraviesa las páginas orbita una muy vieja y murmurante memoria, la de las causas y las consecuencias, la de las junturas entre las cosas, las asociaciones eternas aunque invisibles y olvidadas, recordadas renacidas en esta agua de inocencia en que el poeta sumerge a las palabras.
La lluz. La tarde. L'home.
El rebañu y el perru que dan vuelta.
Les chimenees qu'asomen sobre
ochobre.
El pueblu; el so silenciu azul de cal y hortensies.
Val la pena ser mortal y de carne.
Tanta beatitú
-un tordu canta-
merez la nuestra ausencia.
Cantu'l tordu que revela desde la primera nota la cosmicidad de su lenguaje, porque su lenguaje es el cosmos que al escucharse a sí mismo se mira, Narciso de otro signo, salvado por la gracia de Eco.
Poder del ecu...
Per un instante'l valle
tou palabra.
En esa palabra toda nacida de sí, el minúsculo cantu'l tordu puede serlo todo en el valle infinito del lenguaje, porque ha abierto todos los caminos y transita vertiginoso por las venas del sentido que parten desde el corazón de la Tierra hasta la última estrella insospechada.
Verdad de tabla esmeraldina: el mundo de arriba es el mundo de abajo y quien abre las tenues puertas de este libro grávido se asoma a las sílabas más altas de la palabra hombre y en asturiano silabea el abismal, extático lenguaje con que está escrito el Universo.
El cantu'l tordu.
Llibrería Académica
Uviéu, 2009
Tardes de veranu
Cuántes tardes de xunu nos casamos...
Nun yera más que dir hasta la presa,
xurar que nos queríamos; que nun s'acabaríen
nin los nuesos deseos nin aquel veranu.
Y un día, colos filos brillantes de munches telarañes
enrestré-y un aniellu. Ella esparcióse polen
pelos güeyos. Y yo zarré los míos.
Xunu. Mil novecientos setenta y tantos.
Tamos vivos los dos.
Pero nunca enxamás volvimos atopanos.
(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva y brea
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI
SEÑES D'IDENTIDÁ
Nun s’apagó, como dicen
los que quisieren callala.
Tien enceses les ventanes, nótense-y
les vigues firmes y el firme
bien asentáu. Siéntese’l fueu chispiar,
siéntese ferver l’orguyu. Vése-y
na mitá la nueche
vida viva, encandilada.
Nun s’apagó.
Ta equí,
y too tien nome,
too tien materia y forma,
too tien pesu y espaciu.
Y anque-y cortaren la llingua,
bastaría-y la so palabra.
Equí,
nesta estensión de verdín
onde se termina’l mapa;
nesta vega entrestallada poles montañes
al sur,
nesta cornisa, al norte,
lo más al norte’l
cielu,
lo más al borde l’agua.
Equí, au llevamos
dende fai munchu tiempu,
a tientes, esperando
qu’esmesen la nublina,
que bilten les promeses,
que nun tiren los finxos,
que quiten la tarrancha.
Porque entovía nos queden
munchos díes de gües en llibertá
y paisaxe;
muncha navina nueva pa esbillar
y semala.
Quédennos entovía pueblinos
asomaos
al picu la guapeza
y molinos que suañen
a la vera una ñora
y empeños pa boriar con aguante
pegollos;
y borrones qu’afumen en cuanto
más orbaya
y casones esbeltes, con curuxa
y capilla,
con escudu y palombos.
Entovía nos queden branos
ensin pradiar, pa que la brisa enrede
pente’l tallu l’alfalfa
y afuraque la voz col remangu
los topos;
y crucie l’andolina, cola argaña
nel picu,
hasta l’aleru l’horru.
Porque tenemos muncho
pa esmarañar aína, con estos
deos tozones como garfios d’un
ancla.
Quédennos tradiciones qu’aúllen
pelos montes
y rinchen nes rodaes del carru
la rosada
y brillen nos güeyucos
ñerviosos del raposu.
Quédanos tierra abondo
pa que cuerran
los ríos,
quédanos aire abondo
pa que’l futuru esnale,
quédanos mar abonda
pa salar la esperanza.
Porque too tien nome,
identidá
y arroxu.
Too tien llingua propia,
condición
y palabra.
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| T.I.F. Fotos. Paisajes de Ladines. Montañas de Asturias |
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
Fotos: Google. TIF Fotos
MMXI
Viodo
Siempre creí que el viento nacía en Viodo. Pensé que el mundo en Viodo terminaba. Viodo era para mí el paraíso. Allí conocí el fuego y probé el agua. A Viodo yo le debo el pan caliente. En Viodo yo lo tuve todo un día. Viodo estaba tan lejos como un año. El nombre de los seres que no olvido. Los nombres que devora la distancia. Ca Telvina Carola y ca Rogelia. En Viodo apenas hoy me queda nada.
El cementerio donde mi madre duerme. La casería de los antepasados. El altavoz ronco del colchonero. Mi infancia de la mano de Remedios. La esbeltez del depósito, la escuela. El Castañeo, La Huelga y El Pozón. El llanto demencial de María Pacha. El yunque tempranero de la vida. El «Atrevido» atado bajo el hórreo. Las ristras de maíz como hambre fresca. El andaluz con aliento de vino. Las rosas de cien hojas de la huerta. El vaho protector que había en la cuadra.
La tierra que está encima de mi madre. El Estrián, agosto, tierra seca. La «gradia» y el surgir sin fin de las patatas. La claridad camino a Lavandera. El olor de la cal y los orígenes. La acritud del cucho en la antojana. Los altos eucaliptos vigilantes. El hule y la masera adormecidos. Las potas borbollando a fuego lento. El molino y la acequia en casa de África. El Humedal, la fuente, los narcisos. El sendero que sube hasta Bañugues. Atajos que bordean la mañana. La vía y los vagones de la mina. La estatura campesina del mundo. Los bálagos que visten el paisaje. El eco de la «línea» en Entrerríos. Secunda con su burro y las albardas.
El nicho en el que mi madre espera. El humo de la leche que se ha ido. Una mujer de luto con calderos. Una fuente donde lavan y cantan. La habitación cerrada por la ausencia. El rosario susurrado en penumbra. Los viveros tapados con un plástico. La chispa y la alegría de Clarina. El vaso con el perejil reciente. Los tiestos con crisantemos y dalias. El costurero, el huevo de madera. La lata de las cartas y postales. El cofre que guarda unas escrituras. El barreño de cinc, la palangana. Remedios que huele a limpio y a buena.
El eterno descanso de Luz Ovies. La higuera en el camino a casa Amparo. El campo de la iglesia, las campanas. El Bar Central, Ladino y Manolita. Aquel cuadro de «La última cena». La agilidad nerviosa de Marcela. Los estorninos y el ballico de Guerble. El día de la fiesta, las lanchitas. La procesión, la fe en «San Bartuelo». El aceite guardado por si acaso. El perfume a manzana en la panera. El musgo en las juntas de las ventanas. Los primeros tractores que llegaron. Los zapatos que Luis pone en entierros. El traje oscuro, la camisa blanca.
La lápida de Nieves y mi madre. Las vigas donde el tiempo se ahorca a diario. El «forno» donde el humo permanece. El cristal roto con la cinta aislante. La rama del laurel para el cocido. El azafrán y la canela en rama. Las golondrinas crías, su pico abierto. La cortina que había en la carbonera. El armario empotrado inalcanzable. El que cobra lo de las funerarias. El plumier de Adelina para Reyes. El reloj de la comunión. La esfera. La cinta atrapamoscas en el techo. La persona que varea la lana. El gancho con el trozo de tocino. Nori que borda para Albandi sábanas.
El cuerpo de mi madre tras el mármol. La muerte de Pacita, ¡qué lejana! El gesto y la bonanza de Zulima. María Estébana regando ropa al verde. La hoguera en la que queman trapos viejos. Unas astillas dentro de la hornilla. Los piñones que soltaban las piñas. Aquello de «Dios bendiga esta casa». La taza grande para el chocolate. La luz feliz que nunca más he visto. El «rinchar» del carro en la madrugada. La boda, el mismo día, de José y de Pilina. La luz sobre el silencio apolillada.
¡Viodo, qué cerca y qué apartado de mi vida. Cuántos sueños cruzando casa Flora. Cuántas noches bajo a los Abanales. Y cuántas Manolo me corta el pelo! Viodo. Ca Llarriba, Llabaxo y ca Santana?
(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España. 5 de noviembre 2008
Voz:
María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMX
Cuando la historia da fe de la grandeza
Cuando la historia da fe de la grandeza
Un poema de Aurelio González Ovies musicado por Rafa Lorenzo
Cuando la historia da fe de la grandeza
y la grandeza es lema de sí misma;
cuando la tierra es de tan noble raza
que se agruma con gesto de pepitas,
no hacen falta papel ni testimonio
que verifiquen lo que ve la vista.
Cuando el propio relieve se empeña
en defender los lindes de una villa,
y fueron tantos los pueblos y los reyes
que encastraron aquí su biografía,
con batear un poco tu pasado
destella tu prestancia todavía:
Ahí están tus mansiones señoriales,
los gloriosos escudos, las familias
que llevaron el nombre de Tineo
a lo largo y a lo ancho de la vida.
Ahí están tus parroquias artesanas
de tu estirpe vaqueira y campesina.
Y ahí tu empeño en seguir siendo Asturias
y en mantener tus casas encendidas;
y en conservar tu esencia y afamarla
aunque sea con 'tseite' y con nabizas.
Y en reafirmar las bases de tu dolmen:
la agricultura y la ganadería.
Por eso hay escritores que aún te escriben
y poetas que jamás te olvidan;
por eso hay pintores que aún te dibujan
y cantores que siempre te musican.
Porque eres de los grandes el segundo
en ayer y en hoy y en geografía.
Texto: Aurelio González Ovies
Musicalización e interpretación: Rafa Lorenzo
Imágenes
Luis M. Lafuente
Jesús S.G.
Jorge Del Prado
Abel Paredes
Elosoenpersona
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Fisonomia de Occidente
Mi voz sube al ocaso su mirada.
Mis ojos hoy se posan al poniente.
Mirándote percibo por qué el cielo
derrocha tanta púrpura al perderse.
Belleza que una abuela tiende al verde.
Cordales que amurallan el futuro.
Aspas que roturan el horizonte.
Sendas que peregrinan por las brañas.
Paneras donde curten los anhelos.
Colmenas donde los brezos destilan.
Siluetas de ganado entre la niebla.
Aldeas con carácter de pizarra.
El corzo joven que olfatea el mundo.
El acebal que no conoce el tiempo.
Parajes donde sólo ha entrado el eco.
Molinos que esperan un grano de agua.
Vegas que no han cansado de su sombra.
Cangas que han renunciado a distanciarse.
Ríos que jamás han retrocedido.
Montañas que nunca dieron la espalda.
Minas como mujeres ya maduras.
Viñedos que se trenzan a la vida.
Lagos donde la altura desahoga.
Pantanos donde aún suenan campanas.
Acantilados que bajan al norte.
Poblados que se apiñan en el vértigo.
Poblados con la mar hasta los hombros.
Poblados con los pies sobre las playas.
La luz indiana de la atardecida.
Los monasterios con su gesto lánguido.
La cal viva que viste el cementerio.
El corredor donde airean las sábanas.
El aroma rural del mediodía.
La plata de los peces en las lonjas.
El volumen tan viejo de los quesos.
La hora lenta en que tornan las lanchas.
Dólmenes con su soledad a cuestas.
Concejos nietos de la artesanía.
La antigua arquitectura de los campos.
El castreño solar de la esperanza.
Qué más puede pedírsele a la tierra,
qué menos esperar de esta vertiente.
Mirándote comprendo por qué el sol
quiso morir a diario en occidente.
(Texto leído en Teatro de Tineo. Noviembre de 2006)
El glayiu la gaita
Oyíla tantes veces, pue ser lo qu'ella quiera: ñeve, frescura, agua, carrascu, manantial. Pue tener les edaes que-y dean los nuesos oyíos, pue ser vieya, neña, mocina, namorada. Pue ser la estación que más-y lluza nos flecos:
primavera, veranu, cinta, borla, ivernada. Oyíla tantes veces, antes ser tan sofisticada nin ser toos tan celtes nin modernos y finos por falar con pallabres del senu maternal. Pue ser aire llibre, pozu mina, molín, pastora, vaqueirada.
Pue ser lo qu'ella quiera: parroquia, despidida, ronda, tenreza, nana.
Duerme, neñín míu,
que vien el coco,
y marcha colos neños
que duermen poco.
Oyíla pela calle, cola virxe delantre, na romería'l pueblu, apoyáu na portiella, y ya se me poníen los pelos mui de punta; oyíla ente la nueche, pa festexar el Carmen, qu´en Bañugues celébrase a finales setiembre, coles viudas rezando-y al nome d´un paisanu y al salvavides la lancha, y yá m´entraben ganes d'abrazame a quien fuera. Oyíla, con mio madre, yá malina, que la oyía y callaba, y tragaba saliva emocionada. Oyíla en romeríes, al mediudía, nel prau, colos homes vistíos coles meyores gales y les muyeres guapes, arreglaes, espurríes, d- estrenu, con sandalies charol y les uñes pintaes; y entós yá me clavaba como guyes xigantes col grosor d´una estaca.
Oyíla en misa, mezclándose solemne, melódica, col llatín y la salve, col credu y la pallabra, y desprendía fe, soltaba como inciensu, como lliturxes d´oro, como orbayos sagraos, como oración en grana. Y los santos, escuchándola, facíenseme más humanos; como si ella quixera vibra-yos nos sos llabios o ellos intentaren baxar del pedestal.
Oyíla nos entierros, cuando dalgún nos marcha, nuna tarde d'iviernu, nel medio'l cementeriu, cuando namás que tábamos el difuntu, los páxaros, cuatro amigos, la llápida, y nun sabría dicir si'y dio vida a la muerte o pena o esperanza.
Oyíla munches veces, y siempre me dexó una allegría tristona, un dulzor qu'amargaba.
Pente los maizales, siendo yo un chavalucu, cuando andábemos tantiando cola edá y la inocencia, col tabacu y los cuerpos, con Pepe, Inacio, Vitoria, Pablo, Marta, Yolanda ...; frente a la mar, sonando, tamién la oyí sonar, pasame pola piel como cuando la brisa pasa y roza coles fueyes y paez que t'enfresca pero paez que te manca. Oyíla ente xelaes, cuando diba a la escuela, y alguién la tocaba tras de casa. Oyíla munches veces, y nunca me ponía nin llocu de contentu nin apagaú del too. Pero algo había nella que me metía nel cuerpu como una ilusión grande que te quita la gracia; algún tono como que ta diciéndote qu'aproveches el tiempu, qu'agarres lo que llega, porque si non que vuela, porque si non qu'escapa.
Oyíla en tou Asturies, si nun recuerdo mal: na picarota un monte, cola rexón dormiendo sobre una vega fondia y la niebla allargada; montáu nuna chalana, p'allá del cabu Peñes, como una sirenina que clama pol so pá. Oyíla tamién lloñe casa, au dicen cornamusa, y entós cálate ren pechu como si te clavaren un gaxarte morrina y t'echaren nos gueyos un xarráu d'humedá. Na cocina mío güela, mientras ella amasaba, y namás que la oyía tarariaba lletres o empezaba bailar:
Pastor que tas nel monte,
y duermes entre la rama,
si te casares conmigo, pastor,
durmieres en buena cama ....
Oyíla nes verbenes, añu tras añu, echar de menos cares, llamar col so llamentu, primitivu y eternu, a los que yá nun tán; oyíla entre los corros, dando-y la soníu al xiru, xuntándonos les manes con fuerza y amistá. Alredor la foguera, esguilando nes llames, cuando la flor del agua ta a puntu reventar. Ellí, sonando bruxa, como l'ecu una xana, como'l gritu una madre cuando pare y la rasguen. Oyíla, oyíla abondo na nueche de san Xuan.
Oyíla tola vida, crecí oyendo la gaita, y güei cuando la escucho, la de siempre, la que tien un punteru, un roncón, un soplete, la payuela, el payón, el fuelle y los asientos, cuando la oigo quexase danme ganes llorar, cuérreme poles venes como un ríu muy vieyu, como un regatu humilde y viénenme a la mente los que nun tán equi nin m´apetez nomar.
Óigola y, nun segundu, como los cangarexos, voy andando p´atrás, llévame a tolos sitios, a tolos sentimientos, a toles mios vivencies, a toles mios quebradures; a tola intensidá. Trespórtame, y toi tovía esmarañando yerba nes tablaes de xunu, ellí onde comíamos tortiella con chorizu, debaxo d´un salgueru, ellí onde pisaba, muertu sede y picores, agarráu a la estaca, l´altura´l balagar. Trespórtame, quítame años, pero améstame nudos na garganta, por allegre que suene, por saltarina que sea, por festexera que sople; tien algo dientro'l fuelle, mezclao cola pelleya, qu'esparce xiringüelos y sema soledá. Algo-y echen al fuelle, con algo l'unten a la hora adobalu, que suelta per Asturies muñeiras y floreos, ximielga castañales, atr'y a les calandries, apasiona a los horros, engatusa a los perros, pero fai dañu a l 'alma como con llontananza y buena voluntá. Ye como si t´abracen, te canten y t´abracen y al abrazate tanto, al sentite queríu, feliz, fuera de ti, entusiasmáu, radiante, te lleguen afogar.
La gaita .... Cuántes veces paso delantre casa, estallando voladores, baxo´l cielu d´agosto, col tambor a la vera, y mío tía ensiguida volvíase tonada, metíase nes coples, con voz entrecortada, y nun llera a callar:
Dime xilguerín parleru,
dime que comes,
como arenines del mar,
del campu, flores.
Cuántes veces, sentaos a media tarde, na fiesta Samartuelu, nel tendeyón, les gaites, dende lloñe, nos adormecieron nuna siesta perfondia mui arcaica .... Nun sé qué bocanaes de lluminosidá despide. Nun sé con que potencia nos borra les angusties, si nun ye más qu'un tubu, el cachín d'una caña de la sensibilidá. Nun sé como domina la tierra y los homes, y atrapa-yos los cinco sentíos al sonar. Ye oyila, y estremecete y adientrate nel tiempu, y viaxar por quintanes, onde hai pitines sueltes; ye oyíla, y ponete a xiblar.
Oyíla, per Candás, nel Cristu, a l´alborada, dici-y adiós a barcos que nun sabíen zarpar, y paecía que toles lanches se movíen col ritmu d´una cuna, col pesar d´una llágrima que nun quier resbalar. Per Verdicio, per Cardo, per Perdones, per Cangas .... Oyí tamién les notes dedicaes a Llumeres que casi toles tardes, engaramáu nel horru, esparcía Lolo Rey, l´home Aurelia.
Oyíla, siempre la oyí, y paparaos d´olvidu atragantábenme d´alcordanza, y borbotones d´imaxes empapizábenseme nel olvidu. Oyíla sola, y a toes a la vez, imponese como un coru d´ausentes, glayar d'amor, al son y'l dominiu y la maestría Manólo, un quirosanu, del Norte, que namás arrimase al soplete, namás cariciar el punteru, empañaba la vista los cuatro puntos cardinales, tiñía la xeografía de preciosidá. Por eso en Ricao, al escurecer, suspiren tanto les rendixes la tierra, porque fue onde nació aquella eternidá que vive ellí enterrada:
En Quirós yo nací,
en Quirós enseñáronme a andar,
en Quirós yo aprendí,
a rir, a querer, a suañar ....
Glayíu, el: sust. Ruíu [fuerte y molestu que se fai al llorar, al cantar, al falar]. 2 Voz [fuerte pa llamar l’atención a una persona, a un animal que ta lloñe]. 3 Soníu [que faen dellos animales pa llamar l’atención, cuando tienen medrana]. 4 Dolor [fuerte y repentín que dura poco] Diccionario de la Llingua Asturiana
Frio febrero
Y cuando me di cuenta ella ya se marchaba. Qué rápido este mundo, qué vida más extraña. Yo nací por febrero, una tarde, un domingo, a la hora del cine. Siempre dice mi padre que saltó de alegría, pero que le trunqué la mejor «vaquerada». Hacía mucho frío, al parecer, y tormenta a menudo y humedad en los cuartos que filtraba en paredes y calaba en las sábanas. Llegué hacia las ocho, con la ayuda de Amable, la partera del pueblo, generosa y dispuesta; y nací en nuestra casa.
Y por eso en febrero, resurjo muchas veces, tras el invierno tardo que me gusta y me rae, mas me mustia y me apaga. En febrero ya hay brotes en los viejos sabugos y luz nueva en las tardes, pertinaz y alargada. Y me huele al calor de la leña en el fuego y al aceite caliente de freír los buñuelos de dulce y calabaza. Febrero es un mes gélido por fuera solamente, pues en todas sus grutas crepitan el fervor de recuerdos hermosos y braseros ocultos bajo la soledad de sus metáforas. Febrero es un mes corto, pero de extensos riegos de frutos venideros y mies prometedora y esperanza.
Y cuando abrí los ojos, ella estaba a mi lado, sonriendo y tapándome en un serón antiguo con las mantas de lana. La veía mayor, casi siempre de luto, muy triste casi siempre, derramando cariño, pero como angustiada. La percibía más vieja entonces que más tarde, cuando crecí y la vi un poco más contenta, pero con un dolor que nunca confesaba, como si conociera que la dicha es tan breve y engañosa que ni siquiera hay tiempo de expresarla. Como aguardando un nuevo hachazo, como temiendo a diario un desengaño, como auspiciando pronto otra patada.
Y por eso en febrero me encierro en mi silencio y rebusco en las arcas de sus fechas sagradas. En febrero me cuesta asomarme a los años y observar que detrás apenas hay presencias, ni huellas ni camino. No permanece nada. Y admitir que el ahora es parecido al ya, a un final repentino, a una muy falsa alarma. Y aceptar que el después es un espacio en blanco, como un feudo vacío posiblemente nuestro, como una heredad nunca adquirida del todo, como una eterna estafa.
Yo nací por febrero, un mes como una deuda. Por eso ahora quisiera tocarla y protegerla y amarla y abrazarla.
(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 23 febrero, 2011
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
Siempre branu na memoria
Cuando nun topo razón nin causa a lo que nun debía ser y fue, o meyor dicho, a lo que tenía que ser y fue, procuro dir, al menos de tarde en tarde, hasta la oriella la mar, onde s'estrellen les oles d'una nuna, al so ritmu, y cuatro frebes d'ocle queden a podrecer sobre l'arena. A la vera la mar, onde xugábamos tan desentendíos y felices, tan desnudos, colos pulmones llimpios y la conciencia serena, col flotador de goma, el calderu, el rastriellu y la paleta, y tolo más terrible yera ver cómo s'esmoronaben los castiellos o manchar les toalles de galipote o nun saber tirase dende la pilastra de cabeza. Siempre ye branu, anque agora:
Orbaya. Toi en medio
la tierra. Miro p'atrás. Pésame hasta
la lluz.
Máncame l'aire.
Si confesara agora parte les mios verdaes
paeceríenvos mentira.
(C) Aurelio González Ovies
Siempre branu na memoria
La Nueva España, 3 marzo 2007
Voz:
María García Esperón
Música. Farewell. Yiruma
MMX
L'agua mas tresparente
Cuando nun topo onde garrame porque vienme un golpe col que nun contiaba, cuando me desilusionen los díes toos iguales y fuinos, cuando paralízaseme'l cuerpu y nun soi a dar un pasu, vuelvo a lo que fui y a lo que tuvi. Casi siempre termina la escuela y güelen los praos a yerba seco y revienta la grana col calor y buscamos los furacos los grillos y mexamos-yos inxusta y cruelmente la cueva y subimos la cuesta y coyemos fleches peles cunetes y llanzámosnoslles los unos a los otros. Y tiramos-yos piedres a les bombilles y róñennos los paisanos que tán subíos nos palos, arreglando los cables, con unes forquetes de pinchos ganchaos a los pies y correes de cueru y monu azul y cascu.
Cuando pienso lo malos y lo roinos que somos un día sí y otru tamién y les envidies que nos tenemos y les cizañes que nos puen y nel venenu que soltamos y no poco que nos allegramos cuando-yos va bien a los que tán cerca y no poco que disfrutamos de tolo que nos queda y nes bobaes nes que malgastamos el tiempu y nos problemes qu'inventamos y nes coses tan grandes que dexamos escapar y nes mierdes poles que nos engarramos y nes miseries que nos torturen, zarro les páxines del presente y busco los oríxenes. Siempre m'abelugo nos oríxenes. Y salme al encuentro dalguién cola merienda y dalguién ta llamándome dende la distancia y lládrame'l perru, que sal na mio busca cuando toi acercándome, y nótome queríu poles paredes, polos páxaros, pol nordés, poles hortensies.
Cuando me cayen tolos morrazos siguíos y nun m'esplico entós de qué me quexaba enantes, por qué tanto de viciu, por qué esa zuna maldita de sacalo too de quiciu cuando nada tien importancia más que la salú, el bienestar y la claridá que sema la mañana, aprieto los güeyos y marcho conmigo a encontrame a mí mesmu. Llégome hasta los sucos onde mudé la camisa, como los escalagüerzos y les culiebres, onde escaecí una parte del mio ser y too ye paz, respírase d'otra forma, tán les mores más dulces, les cereces más encarnaes, los árboles más quietos, l'agua más tresparente.
(C) Aurelio González Ovies
Siempre branu na memoria
La Nueva España, 3 marzo 2007.
Voz: María García Esperón
Música: Pasaggio. L. Einaudi
MMX
Sientese'l tiempu pasar
Cuando me cafien tantes zorreríes y nun entiendo cómo la xente nun tien vida propia, cómo la xente nun se dedica a mirar pa la so hestoria, a ocupase de los sos problemes, a atender lo suyo en llugar de tar pendientes de lo ayeno y estropiar les hores y los suaños rumiando lo que nun-yos importa, marcho pasáu atrás y siéntome na caña del mazanal y maravíyame l'orde y la complicidá cola que desfilen les formigues camín del formigueru. Y admírenme les gaviotes que vuelen tras les motores, al marxe de too, cola forma d'una rima; y la calma les peres que maduren, caúna nel so espaciu, hasta qu'una mano ruempa'l so ciclu frutal.
Aquí siéntese'l tiempu pasar
sobre la vida. Ye primavera
y nun s'aballa nada.
Namás que'l regueru cola corriente a cuestes,
la eternidá de xuniu posándose del cielu,
los gatinos xugando col rabu d'esti día,
el respirar tranquilu de les vaques
na cuadra.
Y l'ecu un picachuelu que m'afuraca
l'alma.
(C) Aurelio González Ovies
Siempre branu na memoria
La Nueva España, 3 marzo 2007
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
Imágenes: Google, Tardes de Cal Viva
MMX
Siempre ye branu, anque agora...
Cuando nun topo razón nin causa a lo que nun debía ser y fue, o meyor dicho, a lo que tenía que ser y fue, procuro dir, al menos de tarde en tarde, hasta la oriella la mar, onde s'estrellen les oles d'una nuna, al so ritmu, y cuatro frebes d'ocle queden a podrecer sobre l'arena. A la vera la mar, onde xugábamos tan desentendíos y felices, tan desnudos, colos pulmones llimpios y la conciencia serena, col flotador de goma, el calderu, el rastriellu y la paleta, y tolo más terrible yera ver cómo s'esmoronaben los castiellos o manchar les toalles de galipote o nun saber tirase dende la pilastra de cabeza. Siempre ye branu, anque agora:
Orbaya. Toi en medio
la tierra. Miro p'atrás. Pésame hasta
la lluz.
Máncame l'aire.
Si confesara agora parte les mios verdaes
paeceríenvos mentira.
(C) Aurelio González Ovies
Siempre branu na memoria
La Nueva España, 3 marzo 2007
Voz:
María García Esperón
Música. Farewell. Yiruma
MMX
Madrugada siempre
Llevantase en noviembre y sentir fríu.
Adormecese en mayu a cielu abiertu.
Quedar la nueche entera frente a la nueche.
Madrugar y subir hasta l'iviernu.
Despertar sobre'l temblor d'un suañu,
y percibir que tas,
al mio llau,
na mio vida,
respirando na calma
abrazando'l mio cuerpu...
(Beru. Ochobre 2006)
(C) Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu
Música: Yiruma
MMX
Gozon, imaxe a imaxe
Aurelio González Ovies
El rombu más al norte d'esta tierra. Estremu más vertical que'l vértigu. La oriella más septentrional del mapa. Senderos que se pierden pela costa. Parroquies enraizaes dende fai sieglos. Conceyu d'etimoloxía de gozu. Cartabón de colleches y rituales. Testimoniu del pasu los romanos. Territoriu de pumaraes y castros. Cementerios orientaos a la solana. El cabu que más sal y más s'estira. El faru qu'alluma sobre la nueche. Andecha de llabriegos y marinos. Siendes peles que naide yá nun pasa. Bravura de la mar contra contra Coneo. Atalaya que llinda col océanu. Imaxes mui antigües de la vida. Imaxes que se mecen como'l fueu. Imaxes que sumiránse na brasa.
El paisanín que va cola gadaña. Les sábanes al verde nuna llosa. La portiella madera medio muerta. Los gatos a la caza de los topos. Los manzaneos que yá s'atopen vieyos. Los bidones la lleche na cuneta. La niebla llevantándose con calma. Les gaviotes de Peñes alborotando. Un neñu que s'allexa en bicicleta. El ruíu la cacía al mediudía. Les fabes esguilando poles vares. Los balcones abiertos, les alfombres. Un balagar na claridá de xuliu. Una lata d'aceite con xeranios. Antromero coles xanes n'arena. L'alma blanca de Lluanco hasta la playa.
El campanariu Cardo sobre'l cielu. Perdones escondío ente los valles. Un corredor cola palma de pascua. La fuente con un chorru sede cayendo. El tendeyón con riestres de cebolles. Un carru abandonáu ente los artos. La ropa nun tendal, con azulete. El perru atáu que míranos y lladra. Unes botes de goma nel portal. Los pocillos col flan nuna ventana. Les berces colos tueros espurríos. Un regatu d'orín camín abaxo. Los palos de la lluz, delles esqueles. Les voces de dalguién nuna cuadra. Un molín cola esperanza seca. La lluvia que s'acerca amenazante. L'ecu de los tractores polos praos. La xilguera con un merucu en picu. Los teyaos de Nembro na distancia.
La soledá de Viodo atardeciendo. La silueta Tezán colos depósitos. El carretillu en medio la corlada. Les banderines d'una romería. Unes contraventanes que nun s'abren. Una muyer de lluto escaxinando. La yegua qu'echa fumo poles ñarres. Un coche llinia que crucia la xelada. Una paré d'un cuartu, un crucifixu. Les guah.es que dibuxen un cascayu. El panaderu que pita a lo lloñe. La fresquera col tarru de les nates. Un canariu que canta nuna xaula. Una mesa col hule a la intemperie. Les cascares d'un güevu, la ceniza. El bebederu col mofu y el cañu. La lleña preparada nuna caxa.
Manzaneda ente los maizales. Sacos de piensu basculaos nel suelu. La güela echando al vientu fabaraca. Les vaques que llámbennos una mano. L'amartellar que cabruña los sábados. La gaita que solloza, un pasacalles. Un borrón qu'afuma na distancia. La torre del reló y unes palombes. Un palaciu onde duerme la curuxa. El vuelu d'una pega sobre Vioño. El ñeru de la pega nun ocalito. El columpiu amarráu nuna caña. Un llavaderu llenu xuncos y maleza. El rosal trepador peles estaques. Una radio encendida, les noticies. El golor del pucheru hacia les once. La escalera que sube a la tenada.
Los precipicios qu'alcen al Ferreru. Bañugues despertando, pola espalda. Les escueles zarraes, sin cristales. Un burru a la vera la carretera. Los sanxuanes qu'abriguen cada casa. La mina de Llumeres aburrida. Dalguién qu'esparce guanu prau alantre. Les pataques en flor por tou Verdicio. Dos vecines variando los colchones. Un papel de periódicu con grana. La rueda d'un camión con perexil. Les gamuces nel mango de la escoba. Un cuervu amaestráu sobre una siella. Los xuguetes semaos y un triciclu. La mar col brillu'l sol posáu nel agua.
Bocines apartada del bulliciu. Un platu agorollao pa los pitinos. Una ñube que tapa'l brillu marzu. Una figar de solombra aparrada. Una chaqueta enganchada nun sucu. El tordu col xiblu la primavera. Les rodaes del tiempu sobre'l barro. Una muda secando na baranda. Los llirios de la buelga que despunten. El cuervu solitariu pelos montes. La ñora coles güelles los caballos. Una casería triste y despintada. Les goxes enganchaes d'una viga. Los tiestos colocaos como quiera. Les parigüeles quietes nuna esquina. La pación tienra y verde na tablada.
La hora silenciosa de la siesta. El vinagre col que freguen la chapa. Un volador que suena dende Podes. El ganao moscando, los xatinos. Una pila bericiu col rozón. El cartel nun chigre que se trespasa. Les campanes d'Ambiedes tocando a muertu. Un perrín que va coxu, siguiendo al amu. Una bandada páxaros volando. El cielu anaranxando pel poniente. La xente que se xunta nuna casa. El llanto d'una madre dende un cuartu. Una mata d'hortensies al llau del paredón. El cestu de les pinces, les bayetes. Tomates madurando sobre un bancu. Un ñeru d'andarines nel aleru. La llentura que desprendi, al marchar, la funeraria.
Les espigaes paneres de San Jorge. Les chalanes que tán a calamares. El pozu col calderu porcelana. La que llava'l pescao y llueu escámalo. La que saya con pañu y con sombreru. La bolsa'l pan colgada de la puerta. Un grupu rapacinos pa la escuela. L'hachu que rechina en picaderu. Un camisón tendíu y una bata. Botelles apilaes nun carriellu. El socavón rellenu con escombros. Un armariu de lluna tou bicháu. La moto abandonada baxo l'horru. Un puñáu manzanilla y achicoria. Y un montón de cacharros y chatarra.
La espadaña Llaviana allá no alto. Los barcos que van rayando l'horizonte. La lluna que de sópito s'inflama. Cristales sobre'l muru de la güerta. L'esqueletu d'un somier como canciella. La mano que diz adiós a los aviones. La gatina parida ente'l zarru. El pescador que vuelve cola paxa. Dalguién que bate güevos na cocina. Les vaques que regresen mui serenes. Un cantaráu que llega col nordés. Les llaves qu'esperen na zarradura. La marca de los años nuna cara.
Gozón texendo blimes a la fresca. Un duernu onde plantaron una planta. Una poza con munchos renacuayos. La vieyina que tose y después quéxase. El vendedor que trai xuegos de cama. La lleche recudiendo na fardela. El forcáu que tien poles guindales. L'abrigu que ventila nuna percha. Les lluces que se prienden poco a poco. La bombona butanu xunto a la entrada. El cuquiellu posáu nes castañales. La pelleya un raposu nel asfaltu. Los visillos pillaos ente les rexes. El contador del agua na pilastra.
Imaxes. Imaxes. Imaxes. Fueyes qu'arrastra'l vientu a nengún sitiu. Polvu sobre'l terrén que resquebraxa. Imaxes que vapóriense ensiguida. El guah.ín que ta soplando les burbuxes. Los segadores qu'afilen el cansanciu. L'espinazu varáu d'una vapora. La tabla onde se llee «viéndese casa». El fareru que fala a la borrina. La esquila de los díes escurridizos. Los teyaos abombaos de les selmanes. La novia qu'al salir llimpia una llágrima.
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| Foto: AGO. Tardes de cal viva |
(C) Aurelio González Ovies
Gozón, imaxe a imaxe
Texto publicado en febrero 2007 en
La Nueva España
Voz: María García Esperón
Música: Yanni, Yiruma, L. Einaudi, Carolan's Farewell
MMX
Ubi sum
Yo sé que nada regresa, que nada
vuelve nacer, que lo que tuvo
nun ta, que nada ye lo que fue.
Eso sélo, ya lo sé. Sélo dende bien
pequeñu, dende que vi que crecer
yera dir dexando atrás aquello qu'ún
más quier: les caleyes que conoz,
la mano que nos calez, el corredor,
onde'l mundu paecía lo que
nun fue. Dir dexando atrás.
pa siempre,
todo lo que nos fizo ser/ a la imaxe
y semeyanza/ d'aquellos que nos
amaron/ como naide más nos quier.
Pa siempre, pa siempre, atrás,
como mañana y ayeri, como l'agora
y el llueu, como l'antes y el después.
Pa siempre, siempre pa siempre.
Eso sélo. Yá lo sé.
Y onde toi / nada permanez que puea /
devolveme dalgo fe / nes mentires
que me valíen pa siguir tando de pie,
pa engañame día tres día, qu'al fin
y al cabu, nun ye / más que l'embuste
la vida: perder, guerriar pa perder,
encariñase, sufrir, pa, al fin y al cabu,
perder.
Onde toi, miro, respiro y noto
que me duel reconocer que nun topo
nada apenes no que me reconocer.
Namás que'l cielu, el regueru,
la figar, la mar, les peñes y dalgún
cachu paré, au s'echen les llagarteses
a asolinar. Esto ye / lo que me queda, lo que
soi de lo que fui, más lo que nun pude
ser.
(C) Aurelio González Ovies
Poemes n'asturiano
Esta luz tan breve
Saltadera, España, 2008
Escena de casa
Aurelio González Ovies
Ye qu'anque nada puea
detenese,
fui tan feliz que yá ye suficiente. Baxo'l
escurecer, equí, recuerdo
agora
la vida madurando
como un frutu brillante. Les andarines fieles
xirando hasta la cuadra y el golor
de la yerba.
-Mio ma yera tan moza...-
Esistió too en mi. El cariñu y la infancia
como un pan abondante,
los rayos del branu entrando
hasta la siesta. El nome delos páxaros,
el so cantar. Lluciérnagues
col silenciu prendíu so les nueches
tan llargues.
Too fue tan de verdá que ye bastante.
Más p'allá, los palos de la lluz,
los maizales
y el mundu terminábase.
(C) Aurelio González Ovies
34 poemes
(a imaxe del silenciu)
Llibrería Académica, Uviéu, 2003
Voz: María García Esperón
Música: New beginning. Yanni
MMX
Dedicatoria
Escuchar:
Dedicatoria
Aurelio González Ovies
Para mi tierra y mis gentes, un poema elevado sobre la salud y la longevidad, con bellas vistas a la eternidad y multitud de senderos por entre girasoles y espigas dóciles. Rodeado de mar y de escarpados litorales que impidan a las naves del infortunio y a sus contrabandistas atracar en sus límites. Un poema donde la vegetación sea tan espesa como la niebla de mis primeras mañanas en el mundo y los fértiles arbustos deshojen abundancia al borde de la necesidad, y desprendidas aguas surquen la sequía. Para mis gentes y mi tierra, un volumen inacabable de naturaleza y aire puro y talante pesquero y vigor campesino.
Para la Tecu, enunciados portentosos y fundadas verdades que soporten las monumentales curvaturas de la existencia; resonancias de la fe antigua y sílabas no desencantadas, para recomponer los nombres y los propósitos. A Beru, extensísimos versos de plantaciones al sur de la primavera, con barandales y cenadores por donde trepen los rosales y la ensoñación, con aves brillantes, esbeltos cormoranes y sabrosas connotaciones. Al Mico el interior del silencio, los arrecifes de la soledad y el fondo esmeralda de la discreción. Para el Lulillo un puente levadizo desde los sólidos paraísos perdidos a la resbaladiza superficie de la actualidad, en la que jamás ha querido instalarse con su equipaje de soñador.
Para el Cuxa, arpones de idioma que impidan a la edad, como a un pez carnívoro y letal, sumergirse en sus piernas y devorar la agilidad. A la Bis, cláusulas de fantasía con palacios humildes, fuegos encendidos y mucho viento en los balcones de su pasado continuo. Para Biusco, manuales imposibles donde una débil realidad se imponga sobre la tropelía acostumbrada en que vivimos. Para Gelinos, romances de nordeste y maizales altos alrededor de agosto, con gusto a sal marina. A la Trucha, rimas minerales en las que pueda extenderse al sol, como una lagartija, desde el verano de mil novecientos sesenta y tres, al fondo de Bañugues. Para la Gus, una ocasión de mentira, henchida de posibles verdades y de la pubertad más duradera.
A la Geisha, una estrofa apacible, al borde de un molino, con el rumor de un río, donde reflejen por siempre la claridad de mayo y los jóvenes rostros desaparecidos. Para Aurora, un manzano con sombra frondosísima de media tarde y un balancín y un libro y la edad en que aún no sabe lo que aguarda. Para Manolo, verbos espaciosos y alegorías llanas por las que pueda transitar hacia sus metas diarias. A Men, un vocablo encalado, con parra y uvas púrpura, en cualquier acantilado del mar Jónico. Para la Rapo, gramáticas ilícitas y consonantes libres, estilos apátridas, miel de genitivos y emociones calcáreas que fortalezcan sus huesos de cítara. A Eugenia, el clima de la palabra Extremadura, y todas las palomas mensajeras que anidan en los alerones de la melancolía.
A María Olga, fíbulas con salmos de oro sobre los que indagar la fonética del tiempo, las sucesivas hebillas de las concordancias y las contraindicaciones del lenguaje antiguo. A Julius, cantigas de Corias y territorios donde maduren sin prisa las pavías y los racimos de la amistad. Para Elena, abrecartas bruñidos que rasguen el quebradizo embalaje de los fósiles. Para la Piterita, agua de lluvia contenida en un adverbio inédito, muy cerca de donde no está permitido arrepentirse. Para Bichitte, caracolas con el susurro del Sena y la beatitud que trasluce en los húmedos muros de las catedrales. A Elisa, la fisonomía del humo y el cromatismo de las horas extraordinariamente hermosas. A Nori, patrones de poemas y dobladillos de voces impredecibles. Para Sibila, un tren de perezosos vagones resplandecientes que no abandone jamás los aromáticos setos de la infancia. Para María toda luz que se enciende cada vez que pronuncia una palabra. Y un abrazo trirreme desde mi norte hasta sus océanos de constancia.
Para mis muertos, mullidas letras y abecedarios de plumas en los que recuesten sus músculos mientras me esperan. A todos vosotros, los que me amáis o me mostráis indiferencia, los que me escucháis o me dais la espalda, a todos, lo más duradero de todo aquello de lo que nada es para siempre. La Nueva España, 21 de mayo 2008).
Asturias
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| AGO. Mediodía. Febrero 2011 |
Aldeas donde el olvido sangra por todos sus caños, veletas desorientadas en el vano del tejado. Rosas silvestres que afirman la soledad de los marcos; gallinas que picotean del abandono los granos. Manzanos vivos de muérdago, vestigios de espantapájaros. Corredores donde esperan a sus difuntos los gatos. Bardales, zarzas, retamas; rodadas, berros y cardos.
Paneras donde agonizan las vértebras de los carros. Razas rurales que arriendan su identidad y sus sábados. Riqueza traicionada por subvenciones y pactos. Región para cazadores y dos osos amaestrados. Linderos que no limitan sino con los avellanos. Ríos de seca corriente, por más que sigan bajando. Abrevaderos, tritones, águilas, cuervos y grajos.
Comarca museizada en trisqueles y urogallos. Verde poeta a derroche en dípticos y calendarios. Tierra para telarañas y lamentos de venados. País con la lengua rota, trozada por artesanos. Tradiciones enristradas en vigas y diccionarios. Aire por el que ni surcan las crines de los caballos. Barrenas, frío, barbecho, terrones, cuadras y páramos.
Jóvenes aves que vuelan en pos de un cielo más claro. Espacio que no soporta su tanto espacio parado. Concejos que nadie habita más que la luz y los tábanos. Ancianos que se adormecen en los asilos urbanos. No sé, tal vez me equivoco, quizás fui siempre un romántico. Tal vez no pasan ni miran, por donde yo miro y paso. Asturias, si yo pudiera.Te vale más no escucharlo (La Voz de Asturias, 13-09-08).
Asturias, si yo pudiera
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| Nubes y ocaso. Noviembre 2010 |
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| Vista de Bañugues. Verano de 2010 |
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| Bañugues. llumeres desde los Abanales. 01-08-10 |
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| Mediodía. Febrero de 2011 |
Fotografías: AGO. Tardes de cal viva, 2010-2011
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Fotos: AGO. Tardes de cal viva. 2010-2011
Tardes de cal viva y brea
El mio cantu
El mio cantu pal home,
pal ser que tá sobre la tierra,
pal ser qu'ama aína
y respeta
y siente
y aprecia
cuando caricia la flor,
al cachorru,
al neñu,
al machu,
al compañeru,
al próximu,
a la fema,
tocándose la carne.
Canto al home y les armes
coles que l'home
vive,
crez,
desarróllase.
Al mesmu
que nos mata,
al mesmu
que comercia.
Versu en filo,
pal que peca
y llora
y calumnia
y blasfema.
Aúlla
y rabia,
pero entovía posee
llibertá y alma y conciencia.
(El cantu'l tordu)
A imagen del silencio
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