"Asturias, si yo pudiera, si yo pudiera contarte. Si yo pudiera decirte, y pudieras tú escucharme. Por donde quiera que miro, por donde quiera que paso, no veo más que vacío, no piso más que pasado..."
Aurelio González Ovies

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(Para E. I. y R. S.)

Quisiera erguir un verso como un túnel,

entrar en vuestra piel, con una lámpara;

quisiera descender al corazón

por alguna de tantas bocaminas.

El halo de la luna en el Nalón,

la noche que se enciende en las ventanas,

la fiambrera puesta en el alfeizar,

el bocadillo envuelto con el alba,

el humo que madruga en las cocinas.

La povisa azulada de las berzas.

El castillete oculto entre las zarzas.

El chivo atado que rumia el silencio.

Los cobertizos, el bidón del agua,

las eras a la orilla de las vías.

Los tendales frecuentes con las mudas,

el fatu de los fines de semana,

las estriadas manos que enjabonan,

la blancura gastada de las toallas.

Sirenas: doce en punto de la vida.

Las barriadas que surgían del cisco,

el vinagre y el Fóster de las chapas;

la lentitud del tren que iba al pasado,

la carretera nueva hacia la nada,

un volador y un santo y una ermita.

Las casas que no ocultan su humildad,

el privilegio grande de una casa,

sus cuartos de humedad, baldosa y friso,

la cal obrera y descascarillada,

las barriadas que crecen y se apilan.

La tierra y la mañana que retumban,

la espera, el nerviosismo, la mañana.

Las familias que llegan de muy lejos,

el cartero con la esperada carta,

las tísicas libretas de familia.

El sabor gris de los economatos.

El olor acre de las bacaladas.

El costoso jornal. El día 10:

el aceite, el azúcar, las conservas,

la palidez antigua de la harina.

La tizna de la raza de los padres,

los párpados del padre que no aclaran,

el padre que a las cuatro se despierta,

el padre libre que vive entre jaulas,

el padre que no ve la luz del día.

Los chigres donde se bebe el ahora,

el ahora, más firme que el mañana,

el ahora y el hoy de pisar suelo;

el bar-tienda, la esquela en la fachada.

El hechizo de las confiterías.

El tendido de cables. Los calderos.

Las mujeres que charlan y repasan.

El cuello ácido de las chimeneas.

Los bronquios agotados de las fábricas.

La infancia del cemento y la uralita...

Aquí dejo el candil de mi palabra,

es de carburo, alumbra al pronunciarla:

no es tarde nunca. Es siempre todavía. (Leído en Teatro Municipal de El Entrego. Año 2007)

Mina en Asturias. Foto: railsiferradures.blogspot.com

(C) Aurelio González Ovies


Recita
Joaquín De la Buelga


Música
Nightnoise
Grabación voz
Estudios La Nozal-Llanera
Principado de Asturias
Producción
Juan Taboada
Mayo 2011
Imágenes
Archivo histórico minero
Tina Modotti: Manos
railsiferradures.blogspot.com
Google
Realización vídeo
MGE
LA CARAVANA DEL VERSO
MMXI

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No solo en noviembre


No voy a ir al cementerio, madre, en ese día en que hay tantos vivos mirando a tantos vivos al lado de los muertos, con la excusa de los muertos. Te he dejado unas flores el domingo pasado y un beso, como siempre, desde cerca o desde lejos, barbando en agua. No voy a ir, como tú tampoco lo hacías, a dejarme ver, a fingir composturas, a respetar los ritos, a rezar lo que no creo, a efectuar el trámite y pasar el mal trago de tener que cumplir con quien no me apetece, saludar a desgana, explicar que estoy vivo y qué es de mí a los que no se acercan ni te conocen más que en esa mañana de los muertos. No me gusta pisar el cementerio, a no ser cuando, de tarde en tarde, me acechan dudas.

Mi memoria acude a ti a cada instante, mi corazón está lleno de ti. Tú sigues siendo mi madre, porque yo soy hijo tuyo, porque surgí de ti, de la carne de tu carne, de las profundidades de tu ser. Tú sigues siendo mi rosa de los vientos, mi nombre sobre todos los nombres. Mi poesía te busca, te llama en cada verso, te eleva en cada ritmo. Mi palabra, con hebras de tu Luz, enciende las metáforas en que escondo la ausencia, alumbra los poemas en que vacío el dolor. Estás en cada verso, en cada línea, en cada espacio en blanco de mis páginas, en cada página en blanco de las que han de venir.

Estás, por más que te hayas ido. Existes, por mucho que te hayamos tabicado. Y sé que aún escuchas el canto de los pájaros y cómo brama en noches la furia de la mar y el brío del nordeste entre los eucaliptos y la sirena ronca de Peñas en la niebla. Percibo que vas siempre al lado mío, caminando conmigo, diciéndome que sí a lo que te comento, diciéndome que ánimo con lo que me propongo.

Percibo que me miras con los ojos cerrados y compartes conmigo los tonos del otoño, las hojas acabadas, la belleza escondida de todo lo que tú me enseñaste a captar, incluso en la tristeza. Aprecio que estás tú detrás de cada puesta de sol, apuntalando el púrpura; detrás de cada flor, filtrando suavidad, sobre los aguaceros, perfilando la lluvia.

A ti te he dedicado las horas más felices de mi vida, los recuerdos más gratos, los libros que mereces. De ti hablo sin tregua y te comparo con el calor en medio del invierno, con el agua más fresca en épocas de sed. Hablo de tu benevolencia y tu capacidad de mansión con las puertas abiertas de par en par. De cuando me esperabas con la luz encendida, incansable y cansada, dormida en una silla en la cocina. De cuando me dejabas, tapadas con un plato, un plato de rosquillas o los higos más tiernos. De cuando me escribías en un papel recetas o marcabas en cajas de pastillas y en frascos de jarabe cuántas tomas.

Hablo sencillamente de tus sencillas cosas: de aquellas dos agujas con un poco de hilo, clavadas en la faldilla de los almanaques. De aquellos imperdibles que tanto te gustaba traer en el mandil. De cuando me peinabas y me echabas aceite en los labios «ariados» y marchaba a la escuela y te decía adiós desde la última curva. Hablo de tu sencillez, de tu nobleza. De aquella inmensidad y aquel sosiego que transmitías a quien se te acercaba. De la serenidad que desprendías. Del afecto y la fe que desbordabas. De aquella comprensión con la que interpretabas el mundo y sus errores, la humanidad y sus maneras, el tiempo y sus adversidades.

Doy a la tierra gracias por haberte tenido entre los brazos como ella te retiene ahora en sus entrañas. Gracias al amor por haberte creado a su imagen. Gracias a la humildad por haberte elegido su más diáfano ejemplo. Gracias a la realidad de tantos sueños en los que me apareces y sonríes, me colocas los cuellos, me acaricias el pelo y, con aquel gesto tuyo de paciencia, me besas y susurras que siga descansando, que tienes que volver, que debes irte. Madre, gracias.



(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 22 octubre 2008
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise. Bleu
MMXI

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Varines de volador


Alcuéntroles dacuando
Güei yá naide les paña...

Y entovía me güel a pólvora
y a branu y paezme
mentira
que s'esfumaren estos 40 años (que
s'esfumaron. La vida namás cunde
cuando se nos ablaya):

Taben toles fachaes encalaes
y fresques
y golía la carne guisando nes cocines
y en tolos corredores
la lleche recudiendo nes fardeles
de sábana.

Prestábanos -qué ilusiones más rases
                                          y más fondes-
mirar cómo plantaben les estaques
d'ocálito pal quioscu de la música
y el puestu la barraca;
y esperar los camiones colos fierros
del tiru y de la tómbola
y a aquelles portugueses de faldones floriaos
y pendientes de cobre
que diben a la presa de mío güelu
a llavar los cacharros y garrar agua.

Prestábanos, sí, muncho
nos prestaba
que llegaren los primos,
que llenaren la casa,
la comida'l domingu, nel medio'l
tendeyón, aquella mesa llarga...

Alcuéntrovos dacuando
y entovía'l nordés -el mesmu
que m'empuxa, el mesmu que m'avieya,
el mesmu que m'arrastra -traime cachos
d'aquellos paxarinos que vais
cantando y d'aquella mozuca
con cara de gitana.

Y entovía nos altos maizales
que m'aparten de mi, que separen
pasáu d'esta edá sin sustancia,
adiéntrense pareyes de recuerdos
d'amor;
y una verbena allumbra
ente'l mio corazón y una inmensa
distancia,
con gua.hinos que compren
a los avellaneros
unes gafes de plástico, carraques,
restallones y manzanes
cubiertes de colorao y escarcha.

Varines de volador..., la vida ye
lo mesmo: enciéndese,
espovisa, revienta,
y dexa
       un filu
              de fumu
       qu'ensiguida rescampla.



(C) Aurelio González Ovies
Recita: Felipe Prieto
Música y Versos en Palacio
"Hijos de la tierra"
LA CARAVANA DEL VERSO
Dirección: Joaquín De la Buelga
Producción: Juan Taboada
Grabación: Jorge Dopacio y Jota Velázquez
4 marzo 2011

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Hijos de la tierra: La Caravana del Verso en el Palacio de Meras


Música y Versos en Palacio
"Hijos de la tierra"
Poesía de Aurelio González Ovies
Laína Cores, Rafa Lorenzo, Felipe Prieto y Joaquín de la Buelga
Danza: Sandra Risueño
Producción: Juan Taboada
Grabación: Jorge Dopacio y Jota Velázquez
4 marzo 2011

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El glayiu la gaita por la Caravana del Verso en el Palacio de Meras


Oyíla tantes veces, pue ser lo qu'ella quiera: ñeve, frescura, agua, carrascu, manantial. Pue tener les edaes que-y dean los nuesos oyíos, pue ser vieya, neña, mocina, namorada. Pue ser la estación que más-y lluza nos flecos:
primavera, veranu, cinta, borla, ivernada. Oyíla tantes veces, antes ser tan sofisticada nin ser toos tan celtes nin modernos y finos por falar con pallabres del senu maternal. Pue ser aire llibre, pozu mina, molín, pastora, vaqueirada.
Pue ser lo qu'ella quiera: parroquia, despidida, ronda, tenreza, nana.

Duerme, neñín míu,
que vien el coco,
y marcha colos neños
que duermen poco.

Oyíla pela calle, cola virxe delantre, na romería'l pueblu, apoyáu na portiella, y ya se me poníen los pelos mui de punta; oyíla ente la nueche, pa festexar el Carmen, qu´en Bañugues celébrase a finales setiembre, coles viudas rezando-y al nome d´un paisanu y al salvavides la lancha, y yá m´entraben ganes d'abrazame a quien fuera. Oyíla, con mio madre, yá malina, que la oyía y callaba, y tragaba saliva emocionada. Oyíla en romeríes, al mediudía, nel prau, colos homes vistíos coles meyores gales y les muyeres guapes, arreglaes, espurríes, d- estrenu, con sandalies charol y les uñes pintaes; y entós yá me clavaba como guyes xigantes col grosor d´una estaca.

Oyíla en misa, mezclándose solemne, melódica, col llatín y la salve, col credu y la pallabra, y desprendía fe, soltaba como inciensu, como lliturxes d´oro, como orbayos sagraos, como oración en grana. Y los santos, escuchándola, facíenseme más humanos; como si ella quixera vibra-yos nos sos llabios o ellos intentaren baxar del pedestal.

Oyíla nos entierros, cuando dalgún nos marcha, nuna tarde d'iviernu, nel medio'l cementeriu, cuando namás que tábamos el difuntu, los páxaros, cuatro amigos, la llápida, y nun sabría dicir si'y dio vida a la muerte o pena o esperanza.
Oyíla munches veces, y siempre me dexó una allegría tristona, un dulzor qu'amargaba.

Pente los maizales, siendo yo un chavalucu, cuando andábemos tantiando cola edá y la inocencia, col tabacu y los cuerpos, con Pepe, Inacio, Vitoria, Pablo, Marta, Yolanda ...; frente a la mar, sonando, tamién la oyí sonar, pasame pola piel como cuando la brisa pasa y roza coles fueyes y paez que t'enfresca pero paez que te manca. Oyíla ente xelaes, cuando diba a la escuela, y alguién la tocaba tras de casa. Oyíla munches veces, y nunca me ponía nin llocu de contentu nin apagaú del too. Pero algo había nella que me metía nel cuerpu como una ilusión grande que te quita la gracia; algún tono como que ta diciéndote qu'aproveches el tiempu, qu'agarres lo que llega, porque si non que vuela, porque si non qu'escapa.

Oyíla en tou Asturies, si nun recuerdo mal: na picarota un monte, cola rexón dormiendo sobre una vega fondia y la niebla allargada; montáu nuna chalana, p'allá del cabu Peñes, como una sirenina que clama pol so pá. Oyíla tamién lloñe casa, au dicen cornamusa, y entós cálate ren pechu como si te clavaren un gaxarte morrina y t'echaren nos gueyos un xarráu d'humedá. Na cocina mío güela, mientras ella amasaba, y namás que la oyía tarariaba lletres o empezaba bailar:

Pastor que tas nel monte,
y duermes entre la rama,
si te casares conmigo, pastor,
durmieres en buena cama ....

Oyíla nes verbenes, añu tras añu, echar de menos cares, llamar col so llamentu, primitivu y eternu, a los que yá nun tán; oyíla entre los corros, dando-y la soníu al xiru, xuntándonos les manes con fuerza y amistá. Alredor la foguera, esguilando nes llames, cuando la flor del agua ta a puntu reventar. Ellí, sonando bruxa, como l'ecu una xana, como'l gritu una madre cuando pare y la rasguen. Oyíla, oyíla abondo na nueche de san Xuan.

Oyíla tola vida, crecí oyendo la gaita, y güei cuando la escucho, la de siempre, la que tien un punteru, un roncón, un soplete, la payuela, el payón, el fuelle y los asientos, cuando la oigo quexase danme ganes llorar, cuérreme poles venes como un ríu muy vieyu, como un regatu humilde y viénenme a la mente los que nun tán equi nin m´apetez nomar.

Óigola y, nun segundu, como los cangarexos, voy andando p´atrás, llévame a tolos sitios, a tolos sentimientos, a toles mios vivencies, a toles mios quebradures; a tola intensidá. Trespórtame, y toi tovía esmarañando yerba nes tablaes de xunu, ellí onde comíamos tortiella con chorizu, debaxo d´un salgueru, ellí onde pisaba, muertu sede y picores, agarráu a la estaca, l´altura´l balagar. Trespórtame, quítame años, pero améstame nudos na garganta, por allegre que suene, por saltarina que sea, por festexera que sople; tien algo dientro'l fuelle, mezclao cola pelleya, qu'esparce xiringüelos y sema soledá. Algo-y echen al fuelle, con algo l'unten a la hora adobalu, que suelta per Asturies muñeiras y floreos, ximielga castañales, atr'y a les calandries, apasiona a los horros, engatusa a los perros, pero fai dañu a l 'alma como con llontananza y buena voluntá. Ye como si t´abracen, te canten y t´abracen y al abrazate tanto, al sentite queríu, feliz, fuera de ti, entusiasmáu, radiante, te lleguen afogar.

La gaita .... Cuántes veces paso delantre casa, estallando voladores, baxo´l cielu d´agosto, col tambor a la vera, y mío tía ensiguida volvíase tonada, metíase nes coples, con voz entrecortada, y nun llera a callar:

Dime xilguerín parleru,
dime que comes,
como arenines del mar,
del campu, flores.

Cuántes veces, sentaos a media tarde, na fiesta Samartuelu, nel tendeyón, les gaites, dende lloñe, nos adormecieron nuna siesta perfondia mui arcaica .... Nun sé qué bocanaes de lluminosidá despide. Nun sé con que potencia nos borra les angusties, si nun ye más qu'un tubu, el cachín d'una caña de la sensibilidá. Nun sé como domina la tierra y los homes, y atrapa-yos los cinco sentíos al sonar. Ye oyila, y estremecete y adientrate nel tiempu, y viaxar por quintanes, onde hai pitines sueltes; ye oyíla, y ponete a xiblar.

Oyíla, per Candás, nel Cristu, a l´alborada, dici-y adiós a barcos que nun sabíen zarpar, y paecía que toles lanches se movíen col ritmu d´una cuna, col pesar d´una llágrima que nun quier resbalar. Per Verdicio, per Cardo, per Perdones, per Cangas .... Oyí tamién les notes dedicaes a Llumeres que casi toles tardes, engaramáu nel horru, esparcía Lolo Rey, l´home Aurelia.

Oyíla, siempre la oyí, y paparaos d´olvidu atragantábenme d´alcordanza, y borbotones d´imaxes empapizábenseme nel olvidu. Oyíla sola, y a toes a la vez, imponese como un coru d´ausentes, glayar d'amor, al son y'l dominiu y la maestría Manólo, un quirosanu, del Norte, que namás arrimase al soplete, namás cariciar el punteru, empañaba la vista los cuatro puntos cardinales, tiñía la xeografía de preciosidá. Por eso en Ricao, al escurecer, suspiren tanto les rendixes la tierra, porque fue onde nació aquella eternidá que vive ellí enterrada:

En Quirós yo nací,
en Quirós enseñáronme a andar,
en Quirós yo aprendí,
a rir, a querer, a suañar ....


Música y Versos en Palacio
4 de marzo de 2011
Dirección: Joaquín de la Buelga
Laína Cores, Felipe Prieto, Rafa Lorenzo, Sandra Risueño.
Producción : Juan Taboada
Grabación Jorge Dopacio y Jota Velázquez (Desenfocado Producciones)

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Asturias, si yo pudiera


Asturias, si yo pudiera, si yo pudiera contarte. Si yo pudiera decirte, y pudieras tú escucharme Por donde quiera que miro, por donde quiera que paso, no veo más que vacío, no piso más que pasado. Montañas que nos aíslan, caminos prejubilados, bosques enfermos de sombra, campos que ya no son pasto. Herrumbre, ruinas, raíles; carrizos, barro y barrancos.
Aldeas donde el olvido sangra por todos sus caños, veletas desorientadas en el vano del tejado. Rosas silvestres que afirman la soledad de los marcos; gallinas que picotean del abandono los granos. Manzanos vivos de muérdago, vestigios de espantapájaros. Corredores donde esperan a sus difuntos los gatos. Bardales, zarzas, retamas; rodadas, berros y cardos.
Paneras donde agonizan las vértebras de los carros. Razas rurales que arriendan su identidad y sus sábados. Riqueza traicionada por subvenciones y pactos. Región para cazadores y dos osos amaestrados. Linderos que no limitan sino con los avellanos. Ríos de seca corriente, por más que sigan bajando. Abrevaderos, tritones, águilas, cuervos y grajos.
Comarca museizada en trisqueles y urogallos. Verde poeta a derroche en dípticos y calendarios. Tierra para telarañas y lamentos de venados. País con la lengua rota, trozada por artesanos. Tradiciones enristradas en vigas y diccionarios. Aire por el que ni surcan las crines de los caballos. Barrenas, frío, barbecho, terrones, cuadras y páramos.
Jóvenes aves que vuelan en pos de un cielo más claro. Espacio que no soporta su tanto espacio parado. Concejos que nadie habita más que la luz y los tábanos. Ancianos que se adormecen en los asilos urbanos. No sé, tal vez me equivoco, quizás fui siempre un romántico. Tal vez no pasan ni miran, por donde yo miro y paso. Asturias, si yo pudiera.Te vale más no escucharlo
(La Voz de Asturias, 13-09-08).

Recita:
Joaquín De la Buelga
LA CARAVANA DEL VERSO
Música
Nightnoise


Producción
Juan Taboada


Grabación
Estudios La Nozal- Llanera
(Principado de Asturias)
Realización vídeo
MGE
Imágenes
T.I.F. Fotos
abandonalia.blogspot.com
asturnatura.com
MMXI

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Un dia mas


La cocina prendida. El viento
en la ventana. La luz
a media fase.
Los calderos con agua. Madre fríe
patatas, con miedo a que tronara.
El armario, las puertas con los
cromos. La mesa. El bidón
de la leche, el bote con la nata.
La caldera que hierve, las zapatillas dentro
de la hornilla, por si padre llegaba.

La noche. El calendario. Un
tendal con la ropa encima
de la chapa. Las paredes
chorreando. Y el tiempo: aquel
olor a humo y a vida requemada.


(c) Aurelio González Ovies
En: Tardes de cal viva
http://blog.educastur.es/tardesdecalviva/


VIDEO
Voz y realización: Alejandra Moglia
Música: Les jours tristes, Yann Tiersen (fragmento)
2011

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Me entristece el mundo


A Tuli

Me entristece el mundo.
Ya nunca más podremos ser jóvenes,
mirarnos con vergüenza
mientras estamos solos,
indagar en la noche el sabor de la niebla;
ya nunca más investigar tu cuerpo
cuando el sol te recorre como una lagartija
o conquistar las playas o abrazarnos
un segundo apenas sobre los cuchicheos
de las olas.
Qué pronto llega todo, qué pronto escapa,
sobre todo,
la belleza de estar viviendo a gusto,
de imaginarse libre mientras cruje el verano
y poder darte un beso más tarde de las once.
Y bordear tus rasgos
con la cintura azul de una genciana;
sobre todo, qué pronto muere el cuerpo.
Sí que me entristece
ver la luz reflejada en las tardes del agua
con forma de canción
o preguntarse a veces
donde os habrá esparcido el aullido del faro.
Es difícil palparse las estrías
y no acordarse un poco
de vuestra voz tostada como la adolescencia;
desenvolver un año encima de la mesa
y barajar a medias la nostalgia
y entrar en los perfumes
y marchar vida atrás por un domingo
en que no habita nadie
más que el viento.
Es verdad que me entristece,
que después de haber roto los recuerdos,
las cartas que escribíamos,
miramos si es posible
reconstruir la ausencia, los pliegos
en que hablabas
de no sé qué concierto
o el cierre del bar de los acantilados
donde siempre acudíamos a última hora.
Es verdad que me duele vuestra mirada turbia
de queimada y tabaco,
que mi puño se enrosca
como una caracola con el rumor
de vuestras carcajadas.
Y me entristece el mundo y más que nada
comprender tan así
que solamente somos un tópico
que oculta la rapidez del tiempo.


(C) Aurelio González Ovies
En presente
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise
MMXI

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SEÑES D'IDENTIDÁ

Nun s’apagó, como dicen
los que quisieren callala.
Tien enceses les ventanes, nótense-y
les vigues firmes y el firme
bien asentáu. Siéntese’l fueu chispiar,
siéntese ferver l’orguyu. Vése-y
na mitá la nueche
vida viva, encandilada.

Nun s’apagó.
Ta equí,
y too tien nome,
too tien materia y forma,
too tien pesu y espaciu.
Y anque-y cortaren la llingua,
bastaría-y la so palabra.

Equí,
nesta estensión de verdín
onde se termina’l mapa;
nesta vega entrestallada poles montañes
al sur,
nesta cornisa, al norte,
lo más al norte’l
cielu,
lo más al borde l’agua.

Equí, au llevamos
dende fai munchu tiempu,
a tientes, esperando
qu’esmesen la nublina,
que bilten les promeses,
que nun tiren los finxos,
que quiten la tarrancha.

Porque entovía nos queden
munchos díes de gües en llibertá
y paisaxe;
muncha navina nueva pa esbillar
y semala.

Quédennos entovía pueblinos
asomaos
al picu la guapeza
y molinos que suañen
a la vera una ñora
y empeños pa boriar con aguante
pegollos;
y borrones qu’afumen en cuanto
más orbaya
y casones esbeltes, con curuxa
y capilla,
con escudu y palombos.

Entovía nos queden branos
ensin pradiar, pa que la brisa enrede
pente’l tallu l’alfalfa
y afuraque la voz col remangu
los topos;
y crucie l’andolina, cola argaña
nel picu,
hasta l’aleru l’horru.

Porque tenemos muncho
pa esmarañar aína, con estos
deos tozones como garfios d’un
ancla.
Quédennos tradiciones qu’aúllen
pelos montes
y rinchen nes rodaes del carru
la rosada
y brillen nos güeyucos
ñerviosos del raposu.

Quédanos tierra abondo
pa que cuerran
los ríos,
quédanos aire abondo
pa que’l futuru esnale,
quédanos mar abonda
pa salar la esperanza.

Porque too tien nome,
identidá
y arroxu.
Too tien llingua propia,
condición
y palabra.


T.I.F. Fotos. Paisajes de Ladines. Montañas de Asturias

(C) Aurelio González Ovies
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
Fotos: Google. TIF Fotos
MMXI

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Fugacidad retenida


Esto que fluye aquí delante, paisaje noble, luz muy sencilla, calma de pueblo, es sólo mío si yo lo miro, es sólo así porque lo observo: vago horizonte, viejas higueras, primeras luces tras las ventanas, coches que pasan allá a lo lejos, voces de niños que se recogen, olor muy triste de la tortilla, matas de hortensias, latas y tiestos son testimonio de que yo estoy, aquí y ahora, de que los siento. Pero jamás así de igual, jamás tampoco así de intensos, por mucho que se repitan tardes como ésta, ojos como los míos, verdades como son ellos.



(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 2 de septiembre 2010
Voz
María García Esperón
Música
Yiruma
Imágenes:
Tardes de cal viva
Google
MMX

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Tarde d'agostu


Pal Lulillo. Siempre

Tarde d'agostu.
Del cinamomu baxa
dulzor de vida.

Ropa tendío.
Quién fuera asina blancu
col nordés dientro.

Campanes y ecu.
Atardezme la vida
sobre la muerte.

Vuelen los gansos.
Les sos ales sol agua
llueven belleza.

Malva montesa.
Caltiéneste tan blanda.
Yo yá vencíu.

Ríu que baxes,
faime corriente tuya.
Arrastro nada.

Sele esperanza:
la espinera revienta
cuando quier ella.

Xestu del lliriu.
Si l'home, per un día,
fuere tan íntegru...

Les andolines.
Oxalá siempre vuelvan
per marzu a Bécquer.

Vuelen y vuelvan,
anque seyan yá otres
y tea yo ausente.


(C) Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise
MMXI

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Panoramica


Asómate a las sílabas
más altas de la palabra hombre,
lo más al norte de la geografía carne,
lo más al borde de su abismal esencia.
Escucharás el trino de un pájaro muy viejo,
la perpetua agonía de una mujer parida,
los secos arañazos de los muertos,
el vacío y su brisa. El silencio. Sus cañas.

Muy hondo, el río. Y un rumor
como de avispas y de despedida.


Asómate a les sílabes
más altes de la palabra home.
lo más al norte de la xeografía la carne,
lo más al borde del so abismu y esencia.

Escucharás el trinu d'un páxaru mui vieyu,
la perpetua agonía d'una muyer parida,
los rabuñazos secos de los muertos,
el vacíu y la so brisa. El silenciu. Les sos cañes.

Mui fondu, el ríu. Y un rumor
como de griespes y dispidida.

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El cantu'l tordu


Cántame, tordu,
necesito creer qu'esti branu nun cambia,
que la lluz nun avieya.
Que soi yo quien enturbia la eternidá d'agostu,
que yo soi quien la mira
colos gûeyos cansaos.

Pero tu, cántame,
agora y siempre.

Qu'al escuchate sienta
que sigo aína en mi
o que, al menos, sí tuvi
ciertamente conmigo.

(C) Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu
Llibreria Academica
Oviedo, 2009






Voz:
María García Esperón
Música
Yanni
MMX

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A la solombra'l xabugu


A LOS CUARENTA Y DOS AÑOS

A la solombra'l xabugu,
a los cuarenta y dos años,
suaño con poder suañar,
con poder siguir suañando.
Paezme too tan curtiu,
siéntome en too tan estrañu,
persiéntolo too tan lloñe,
suéname too tan cercano...

Non sé dicir qué me falta,
y sé que me falta dalgo.
Nótolo si miro al frente,
si me paro nos xeranios,
si sumo cuántes caleyes
ya nun permiten el pasu.
Nótolo nel corazón
cuando subo los peldaños
que m'aboquen al to nome;
y al encendelu y nomalu,
al dir abri-y les sos lletres
y al dir estender los brazos
tópome cola solombra
de los cuarenta y dos años.

Paezme too tan nada,
tan nada pa doler tanto.


Poemes n'asturiano
Esta luz tan breve
Saltadera, Oviedo. 2008
Voz
María García Esperón
Música: Dare to dream. Yanni
MMX

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El cantu'l tordu: El lenguaje del Universo

El cantu'l tordu: el lenguaje del universo

Por María García Esperón


 Asómate a les sílabes
más altes de la palabra home,
lo más al norte de la xeografía la carne,
lo más al borde de su abismal esencia.
 (Aurelio González Ovies. El cantu'l tordu)


Siendo muy niño, escribió Baudelaire, abrigué en el corazón dos sentimientos contradictorios: el horror por la vida y el éxtasis ante la vida. 

Dos certezas igualmente positivas, que contradictorias se alzan en el resplandor de su unidad.

En El cantu'l tordu, del poeta asturiano Aurelio González Ovies, la contradicción de quien, como muy pocos, siente la vida plena y necesaria y al mismo tiempo fugitiva, se hace una con el lenguaje que siempre ha sido, hecho de pulsaciones y cadencias, de elocuentes balbuceos y de xiblíus, de calor, de lluvia, de estaciones, de pupilas de pájaros negros en las que se disuelve la noche.

 But I know, too,
that the blackbird is involved
in what I know.
W.S.

La cita de Wallace Stevens que abre las puertas de este libro grávido y tenue acusa la mano que lo ha escrito, la que penetra hasta el último secreto  del canto de ese tordu  para hacerse una con su lenguaje.

Y este es el lenguaje del todo y de la nada, el que aprenden los príncipes de cuento al comer la lengua de un ruiseñor, el conocimiento que se bebe en un elíxir imposible, en la pecaminosa disfrutada fruta prohibida, ante una blanca pared zen con los ojos ya rotos de sueño, que se entrevé en el enésimo giro del sufí, en un jeroglífico de Akhenaton o en el romance umbro de la muerte hermana de Francisco.

Al too y a la nada,
gracies.

Al aire, por nun ser plomu
entovía
gracies.

En el xiblíu que atraviesa las páginas orbita una muy vieja y murmurante memoria, la de las causas y las consecuencias, la de las junturas entre las cosas, las asociaciones eternas aunque invisibles y olvidadas, recordadas renacidas en esta agua de inocencia en que el poeta sumerge a las palabras.

La lluz. La tarde. L'home.
El rebañu y el perru que dan vuelta.
Les chimenees qu'asomen sobre
ochobre.
El pueblu; el so silenciu azul de cal y hortensies.
Val la pena ser mortal y de carne.

Tanta beatitú
-un tordu canta-
merez la nuestra ausencia.

Cantu'l tordu que revela desde la primera nota la cosmicidad de su lenguaje, porque su lenguaje es el cosmos que al escucharse a sí mismo se mira, Narciso de otro signo, salvado por la gracia de Eco.

Poder del ecu...
Per un instante'l valle
tou palabra.

En esa palabra toda nacida de sí, el minúsculo cantu'l tordu  puede serlo todo en el valle infinito del lenguaje, porque ha abierto todos los caminos y transita vertiginoso por las venas del sentido que parten desde el corazón de la Tierra hasta la última estrella insospechada.

Verdad de tabla esmeraldina: el mundo de arriba es el mundo de abajo y quien abre las tenues puertas de este libro grávido se asoma a las sílabas más altas de la palabra hombre  y  en asturiano silabea el abismal, extático lenguaje con que está escrito el Universo.



Aurelio González Ovies
El cantu'l tordu.
Llibrería Académica
Uviéu, 2009

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Tardes de veranu



Cuántes tardes de xunu nos casamos...

Nun yera más que dir hasta la presa,

xurar que nos queríamos; que nun s'acabaríen

nin los nuesos deseos nin aquel veranu.

Y un día, colos filos brillantes de munches telarañes

enrestré-y un aniellu. Ella esparcióse polen

pelos güeyos. Y yo zarré los míos.

Xunu. Mil novecientos setenta y tantos.

Tamos vivos los dos.

Pero nunca enxamás volvimos atopanos.



(C) Aurelio González Ovies
Tardes de cal viva y brea
Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI

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SEÑES D'IDENTIDÁ

Nun s’apagó, como dicen
los que quisieren callala.
Tien enceses les ventanes, nótense-y
les vigues firmes y el firme
bien asentáu. Siéntese’l fueu chispiar,
siéntese ferver l’orguyu. Vése-y
na mitá la nueche
vida viva, encandilada.

Nun s’apagó.
Ta equí,
y too tien nome,
too tien materia y forma,
too tien pesu y espaciu.
Y anque-y cortaren la llingua,
bastaría-y la so palabra.

Equí,
nesta estensión de verdín
onde se termina’l mapa;
nesta vega entrestallada poles montañes
al sur,
nesta cornisa, al norte,
lo más al norte’l
cielu,
lo más al borde l’agua.

Equí, au llevamos
dende fai munchu tiempu,
a tientes, esperando
qu’esmesen la nublina,
que bilten les promeses,
que nun tiren los finxos,
que quiten la tarrancha.

Porque entovía nos queden
munchos díes de gües en llibertá
y paisaxe;
muncha navina nueva pa esbillar
y semala.

Quédennos entovía pueblinos
asomaos
al picu la guapeza
y molinos que suañen
a la vera una ñora
y empeños pa boriar con aguante
pegollos;
y borrones qu’afumen en cuanto
más orbaya
y casones esbeltes, con curuxa
y capilla,
con escudu y palombos.

Entovía nos queden branos
ensin pradiar, pa que la brisa enrede
pente’l tallu l’alfalfa
y afuraque la voz col remangu
los topos;
y crucie l’andolina, cola argaña
nel picu,
hasta l’aleru l’horru.

Porque tenemos muncho
pa esmarañar aína, con estos
deos tozones como garfios d’un
ancla.
Quédennos tradiciones qu’aúllen
pelos montes
y rinchen nes rodaes del carru
la rosada
y brillen nos güeyucos
ñerviosos del raposu.

Quédanos tierra abondo
pa que cuerran
los ríos,
quédanos aire abondo
pa que’l futuru esnale,
quédanos mar abonda
pa salar la esperanza.

Porque too tien nome,
identidá
y arroxu.
Too tien llingua propia,
condición
y palabra.


T.I.F. Fotos. Paisajes de Ladines. Montañas de Asturias

(C) Aurelio González Ovies
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
Fotos: Google. TIF Fotos
MMXI

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Viodo


Siempre creí que el viento nacía en Viodo. Pensé que el mundo en Viodo terminaba. Viodo era para mí el paraíso. Allí conocí el fuego y probé el agua. A Viodo yo le debo el pan caliente. En Viodo yo lo tuve todo un día. Viodo estaba tan lejos como un año. El nombre de los seres que no olvido. Los nombres que devora la distancia. Ca Telvina Carola y ca Rogelia. En Viodo apenas hoy me queda nada.

El cementerio donde mi madre duerme. La casería de los antepasados. El altavoz ronco del colchonero. Mi infancia de la mano de Remedios. La esbeltez del depósito, la escuela. El Castañeo, La Huelga y El Pozón. El llanto demencial de María Pacha. El yunque tempranero de la vida. El «Atrevido» atado bajo el hórreo. Las ristras de maíz como hambre fresca. El andaluz con aliento de vino. Las rosas de cien hojas de la huerta. El vaho protector que había en la cuadra.

La tierra que está encima de mi madre. El Estrián, agosto, tierra seca. La «gradia» y el surgir sin fin de las patatas. La claridad camino a Lavandera. El olor de la cal y los orígenes. La acritud del cucho en la antojana. Los altos eucaliptos vigilantes. El hule y la masera adormecidos. Las potas borbollando a fuego lento. El molino y la acequia en casa de África. El Humedal, la fuente, los narcisos. El sendero que sube hasta Bañugues. Atajos que bordean la mañana. La vía y los vagones de la mina. La estatura campesina del mundo. Los bálagos que visten el paisaje. El eco de la «línea» en Entrerríos. Secunda con su burro y las albardas.

El nicho en el que mi madre espera. El humo de la leche que se ha ido. Una mujer de luto con calderos. Una fuente donde lavan y cantan. La habitación cerrada por la ausencia. El rosario susurrado en penumbra. Los viveros tapados con un plástico. La chispa y la alegría de Clarina. El vaso con el perejil reciente. Los tiestos con crisantemos y dalias. El costurero, el huevo de madera. La lata de las cartas y postales. El cofre que guarda unas escrituras. El barreño de cinc, la palangana. Remedios que huele a limpio y a buena.

El eterno descanso de Luz Ovies. La higuera en el camino a casa Amparo. El campo de la iglesia, las campanas. El Bar Central, Ladino y Manolita. Aquel cuadro de «La última cena». La agilidad nerviosa de Marcela. Los estorninos y el ballico de Guerble. El día de la fiesta, las lanchitas. La procesión, la fe en «San Bartuelo». El aceite guardado por si acaso. El perfume a manzana en la panera. El musgo en las juntas de las ventanas. Los primeros tractores que llegaron. Los zapatos que Luis pone en entierros. El traje oscuro, la camisa blanca.

La lápida de Nieves y mi madre. Las vigas donde el tiempo se ahorca a diario. El «forno» donde el humo permanece. El cristal roto con la cinta aislante. La rama del laurel para el cocido. El azafrán y la canela en rama. Las golondrinas crías, su pico abierto. La cortina que había en la carbonera. El armario empotrado inalcanzable. El que cobra lo de las funerarias. El plumier de Adelina para Reyes. El reloj de la comunión. La esfera. La cinta atrapamoscas en el techo. La persona que varea la lana. El gancho con el trozo de tocino. Nori que borda para Albandi sábanas.

El cuerpo de mi madre tras el mármol. La muerte de Pacita, ¡qué lejana! El gesto y la bonanza de Zulima. María Estébana regando ropa al verde. La hoguera en la que queman trapos viejos. Unas astillas dentro de la hornilla. Los piñones que soltaban las piñas. Aquello de «Dios bendiga esta casa». La taza grande para el chocolate. La luz feliz que nunca más he visto. El «rinchar» del carro en la madrugada. La boda, el mismo día, de José y de Pilina. La luz sobre el silencio apolillada.

¡Viodo, qué cerca y qué apartado de mi vida. Cuántos sueños cruzando casa Flora. Cuántas noches bajo a los Abanales. Y cuántas Manolo me corta el pelo! Viodo. Ca Llarriba, Llabaxo y ca Santana?


(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España. 5 de noviembre 2008
Voz:
María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMX

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Cuando la historia da fe de la grandeza


Cuando la historia da fe de la grandeza

Un poema de Aurelio González Ovies musicado por Rafa Lorenzo

Cuando la historia da fe de la grandeza
y la grandeza es lema de sí misma;
cuando la tierra es de tan noble raza
que se agruma con gesto de pepitas,
no hacen falta papel ni testimonio
que verifiquen lo que ve la vista.

Cuando el propio relieve se empeña
en defender los lindes de una villa,
y fueron tantos los pueblos y los reyes
que encastraron aquí su biografía,
con batear un poco tu pasado
destella tu prestancia todavía:

Ahí están tus mansiones señoriales,
los gloriosos escudos, las familias
que llevaron el nombre de Tineo
a lo largo y a lo ancho de la vida.
Ahí están tus parroquias artesanas
de tu estirpe vaqueira y campesina.

Y ahí tu empeño en seguir siendo Asturias
y en mantener tus casas encendidas;
y en conservar tu esencia y afamarla
aunque sea con 'tseite' y con nabizas.
Y en reafirmar las bases de tu dolmen:
la agricultura y la ganadería.

Por eso hay escritores que aún te escriben
y poetas que jamás te olvidan;
por eso hay pintores que aún te dibujan
y cantores que siempre te musican.
Porque eres de los grandes el segundo
en ayer y en hoy y en geografía.



Texto: Aurelio González Ovies
Musicalización e interpretación: Rafa Lorenzo
Imágenes
Luis M. Lafuente
Jesús S.G.
Jorge Del Prado
Abel Paredes
Elosoenpersona
www.laspain.com

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Fisonomia de Occidente


Mi voz sube al ocaso su mirada.

Mis ojos hoy se posan al poniente.

Mirándote percibo por qué el cielo

derrocha tanta púrpura al perderse.

Belleza que una abuela tiende al verde.

Cordales que amurallan el futuro.

Aspas que roturan el horizonte.

Sendas que peregrinan por las brañas.

Paneras donde curten los anhelos.

Colmenas donde los brezos destilan.

Siluetas de ganado entre la niebla.

Aldeas con carácter de pizarra.




El corzo joven que olfatea el mundo.

El acebal que no conoce el tiempo.

Parajes donde sólo ha entrado el eco.

Molinos que esperan un grano de agua.

Vegas que no han cansado de su sombra.

Cangas que han renunciado a distanciarse.

Ríos que jamás han retrocedido.

Montañas que nunca dieron la espalda.




Minas como mujeres ya maduras.

Viñedos que se trenzan a la vida.

Lagos donde la altura desahoga.

Pantanos donde aún suenan campanas.

Acantilados que bajan al norte.

Poblados que se apiñan en el vértigo.

Poblados con la mar hasta los hombros.

Poblados con los pies sobre las playas.

La luz indiana de la atardecida.

Los monasterios con su gesto lánguido.

La cal viva que viste el cementerio.

El corredor donde airean las sábanas.

El aroma rural del mediodía.

La plata de los peces en las lonjas.

El volumen tan viejo de los quesos.

La hora lenta en que tornan las lanchas.

Dólmenes con su soledad a cuestas.

Concejos nietos de la artesanía.

La antigua arquitectura de los campos.

El castreño solar de la esperanza.

Qué más puede pedírsele a la tierra,

qué menos esperar de esta vertiente.

Mirándote comprendo por qué el sol

quiso morir a diario en occidente.

(Texto leído en Teatro de Tineo. Noviembre de 2006)


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